LA MUJER MÁS BELLA

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    Helena era hija de Leda y Zeus. Leda era esposa de Tindáreo, reyes de Esparta, tan hermosa era Leda que Zeus se eamoró de ella, una tarde Leda se encontraba con un magnífico cisne blanco, que parecía perdido. Leda lo cogió en su seno y comenzó a acariciarlo, sin advertir que el cisne no era otro que el propio Zeus. Al cabo de nueve meses, Leda, puso dos huevos. De cada huevo salieron un niño y una niña. Aunque Tindareo nunca sospecho nada, sólo los hijos de uno de los huevos eran, suyos: aquel del que nacieron Cástor y Clitemnestra; del otro huevo fecundado por Zeus, nacieron Pólux y Helena.

Helena desde su infancia destacó por su enorme belleza y pronto fue considerada la mujer más hermosa de Grecia. Cuando llegó el momento de casarla, todos los principes de los reinos griegos fueron al palacio de Tindareo para pedir su mano. Quien se casara con Helena se convertiría en el heredero del rico reino de Esparta. Entre los pretendientes estaba Odiseo, Ulises su nombre latino, que destacaba por su astucia. Ulises propuso a Tindareo que, antes de decidir quien sería el elegido obligara a los pretendientes a prestar un juramento sagrado, por el que todos los pretendientes se comprometieran a aceptar la decisión de Helena y a defender su matrimonio de cualquier contratiempo futuro. Los principes griegos aceptaron y prestaron juramento.

Helena escogió como esposo a Menelao, hermano menor de Agamenon, y este se casó con la hermana de Helena, Clitemnestra, y con el tiempo se convirtió en el rey de Micenas. Ulises se cosó con la prima de Helena, Penélope, no tan bella, pero fiel y discreta. Así que al mismo tiempo se celebró una tripe boda.

Pasaron los años y el rey Tindareo murió; Menelao heredó el reino de Esparta y tuvo una hija de Helena, Hermíone. En Micenas, Clitemnestra le dió dos hija a Agamenon (Ifigenia y Electra) y un hermos niño (Orestes); pero el matrimonio no fue feliz. Por el contrario en la pequeña isla de Ítaca, UIises reinaba feliz, casado con su amada Penélope, que le dió un varón, Telémaco.

Menelao tuvó que ausentarse de Esparta y dejó a Helena el gobierno del reino. Fue precisamente en ausencia de Menelao cuando se presentó en Esparta Paris, e inmediatamente quedó prendado por la belleza de la reina. Había llegado el momento de que Afrodita cumpliera su promesa, por lo que la diosa del amor envió a su hijo Eros y éste disparó una de sus flechas de oro a la joven reina: Helena se enamoró de Paris y los dos decidieron irse juntos a Troya.  Seguirá.

                                                     

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